El sistema financiero boliviano se caracteriza por una regulación estricta que garantiza estabilidad y seguridad en las operaciones de crédito. La Autoridad de Supervisión del Sistema Financiero (ASFI) supervisa a bancos, cooperativas, ONG y otras entidades de intermediación financiera, asegurando el cumplimiento de normativas que minimizan los riesgos de fraude y garantizan transparencia en las transacciones.
Gracias a este control, Bolivia tiene una de las tasas de mora más bajas de la región y los bancos han mantenido niveles de rentabilidad altos y sostenidos en los últimos años. Sin embargo, la rigidez de los requisitos para acceder a un crédito representa una barrera significativa, especialmente en un país donde la mayor parte de la economía se mueve en el sector informal. Muchas personas que trabajan sin contratos formales o ingresos comprobables quedan excluidas del sistema financiero tradicional, limitando sus oportunidades de crecimiento.
El crédito es esencial para el desarrollo económico, ya que permite a las personas invertir en negocios, adquirir vivienda o afrontar emergencias. Consciente de esto, el Estado ha dado pasos interesantes para ampliar el acceso al financiamiento, como el crédito social para la vivienda y los créditos productivos del Banco de Desarrollo Productivo (BDP). Estas iniciativas han beneficiado a miles de bolivianos, pero aún son insuficientes frente a la gran demanda de financiamiento, especialmente en sectores productivos y emprendedores.
A nivel global, los bancos han sido grandes beneficiarios de rescates financieros en momentos de crisis, recibiendo apoyo gubernamental para evitar su colapso. Sin embargo, no aplican la misma lógica cuando sus clientes enfrentan dificultades. No existen planes de salvamento para empresas o personas con problemas financieros que, con un respaldo adecuado, podrían recuperarse y aportar nuevamente a la economía. En muchos casos, la crisis misma genera experiencia y conocimientos valiosos que podrían aprovecharse si existieran mecanismos de rescate bien estructurados.
El reto en Bolivia es encontrar un equilibrio entre la estabilidad del sistema financiero y la inclusión crediticia. Es necesario flexibilizar los requisitos sin comprometer la seguridad, implementando mecanismos adaptados a la realidad de los emprendedores y trabajadores informales. Un sistema de crédito más accesible no solo beneficiaría a quienes necesitan financiamiento, sino que también impulsaría el crecimiento económico y la generación de empleo.
La clave para el futuro es fortalecer las políticas de financiamiento inclusivo y crear estrategias de apoyo para quienes enfrentan dificultades económicas, asegurando que el crédito sea una herramienta real de desarrollo y no un privilegio de pocos.